viernes, 14 de marzo de 2014

Manual para bailar champeta

Aquellos que poco entienden de la armónica relación que hay entre caderas, cintura, hombros, rodillas y pies con la música, piensan que, como el merengue, la champeta es un feliz alivio para las carencias rítmicas; es decir, que se puede bailar como a uno le dé la gana. Y no voy a decir que no, porque la música no es como la explican los expertos sino como uno la sienta; así que cada quién puede mover el cuerpo como bien le parezca para tratar de seguir el ritmo.

Pero, si bien con la champeta o el soukous se pueden improvisar gran cantidad de movimientos para marcar el compás, esa no es razón suficiente para decir que se está bailando champeta; en el mejor de los casos será moverse al ritmo de ella, tal como cualquiera también puede moverse al ritmo del tango, con una diversidad de movimientos más o menos acertados, cuando se sabe que hay unas pocas exactas formas para bailarlo del modo correcto.

Lo que yo pienso es que el baile de champeta es menos una secuencia estricta y complicada de pasos y más una manera de encarar la música. Porque, si uno está atento, puede notar que este baile es en esencia un arte minimalista. Salvo por algún entusiasmo, normalmente de tipo juvenil o foráneo, los bailadores se mueven solo lo necesario sin grandes alardes estrafalarios; y es que si uno se mueve demasiado se empieza a escapar la música por la piel; es como querer devorar un pionono al primer bocado o besar de afán al amor de su vida. En la champeta, como en la vida, el afán es inconveniente.

Lo bueno, como he dicho, es que no son muchos los movimientos; lo malo, sin embargo, es que al ser pocos, estos deben estar cargados de swing, deben ser contundentes y precisos, armónicos y elegantes, como cada palabra de un poema bueno.

Algunos pensarán que es un baile imposible porque tal vez han visto a grupos de hombres y mujeres rebotando en un raro movimiento que consiste en juntar los pies en puntas flexionando ligeramente las rodillas para luego, con un pequeño brinco, desplazar simultáneamente el pie derecho al frente apoyado sobre el talón y el izquierdo hacia atrás. Todo esto a gran velocidad. Después, en menos de un parpadeo, juntan de nuevo las puntas de los pies en el centro y, con otro brinco similar al primero, alternan la dirección de los pies donde el izquierdo pasa al frente y el derecho a atrás, y así en ciclo frenético hasta que se agote la canción o hasta que se agote el maromero. Tranquilo: eso, aunque vistoso, no es bailar champeta; es moverse al ritmo de ella.

Repito, cada quién puede moverse como quiera, pero, así como el bolero, la champeta está pensada para bailarse en pareja. Me explico. En primer lugar la champeta tiene sus orígenes en África y allí la gran mayoría de las canciones en ritmo de soukous son en realidad de corte romántico; y bien se sabe que las canciones románticas están hechas para disfrutarse entre dos. Lo segundo es que cada una de estas canciones Africanas tiene una duración aproximada de ocho minutos. ¡Ocho minutos! Esto me da la razón por partida doble, pues quién rebote en movimientos rápidos todo ese tiempo, acabará agotado a la segunda canción; luego, si quiere seguir de fiesta, tendrá por obligación que bajar el ritmo. Por otra parte bailar en solitario por ocho minutos ofende al sentido común. Pienso por ello que en las fiestas electrónicas se necesita, además de la música, de alguna sustancia psicotrópica para refundir en la consciencia el hecho de tener que bailar solo toda la noche.

Venía diciendo que la clave de este baile está en el swing. Entiéndase el swing como aquel estado del alma en que la inteligencia corporal cinestésica se materializa luego en suaves movimientos que se ajustan sin sobresaltos a la música. Por ende, lo que en el caribe llamamos swing, es primero un estado de la mente y después una expresión del esqueleto. Aquí la técnica es secundaria. Las mejores técnicas del ballet se quedan cortas si lo que se busca es cuadricular el baile de champeta en términos de contar los compases, del un-dos-trés o de la jerga propia de los bailarines profesionales. En ese aspecto la champeta es mucho más simple.

Para entender el swing piense por un momento en el movimiento que hace un péndulo de un reloj antiguo. Ahora quítele el tic tac. Relaje los hombros y el cuello. Siga al péndulo del reloj con la cabeza, pero no mueva el cuello hacia la izquierda y la derecha; inténtelo moviendo la cabeza de tal manera que de forma alternada suban y bajen las orejas con cada oscilación. En ese estado de movimiento, eche los hombros ligeramente hacia atrás, adelante la pierna izquierda y apoye su peso sobre la derecha. Relaje el área de la cintura y siga con ella también al péndulo, pero no la mueva de lado a lado, ni de adelante hacia atrás, ni de forma circular como quien equilibra un aro; intente en cambio moverla suave sobre su eje, girando las caderas primero en sentido horario y luego en sentido antihorario según la oscilación del péndulo imaginando en este caso que las manecillas yacen a sus pies. En este punto no reprima el movimiento de las rodillas pero tampoco deje que se salgan de control. De paso vaya dejando de lado los pensamientos de que todos se tienen que enterar de sus viajes, que si tiene que sacar pecho por la visa americana, que si habla varios idiomas, que si tiene finca o caballos, que si tiene acciones en algún club, que si enlaza sus dos apellidos agregando un guión en la mitad, que si compra en Miami y no en tierra santa, que si compra original o pirata, que si va a conciertos, que si tiene carro último modelo; pues estas cuestiones intrascendentes tienen gran impacto negativo sobre la efectividad del swing.

Finalmente, sin olvidar las instrucciones previas,  flexione su brazo dominante en un ángulo de cuarenta y cinco grados, y el otro en un ángulo de setenta grados; no tiene que ser exacto; luego, en armonía con el resto de sus partes en movimiento, balancee los brazos suave y en simultáneo a lado y lado del cuerpo. Si cuenta con un toque de coordinación extra, puede intentar chasquear los dedos de la mano diestra. Si todo le salió bien, en este punto debe sentirse más liberado, relajado y contento aunque no sepa bailar champeta aún. No se preocupe por eso: ya dio el primer paso y va por buen camino.

Practique con esmero estas sencillas lecciones por dos semanas. Cuando haya dominado con cierta soltura la técnica del swing, por favor pase de nuevo por este espacio para darle las siguientes instrucciones.

5 comentarios:

  1. Compa yo puedo hacer la clase practica, me avisa jejejjejee
    Abel javier.

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    1. Mi hermanito no tengo problemas con esa solicitud. Pero recuerda que estas instrucciones las leen hombres y mujeres. Tu verás.

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